
Pocas veces en la vida un espectáculo o recital me generaron tanta expectativa.
Recuerdo los de Spinetta Jade en 1979 en Córdoba, y el de Spinetta y las Bandas Eternas del 2009 y este LOVE homenaje del Cirque du Soleil a Los Beatles en Las Vegas.
Aquel show temprano me tomó dejando la adolescencia en mis épocas de estudiante en Córdoba bautizándome en el mundo de los recitales. Los dos últimos me toman grande con muy poca de la inocencia de aquel adolescente pero recuerdo de manera semejante el clima de ansiedad, la preocupación por tener la entrada, chequearla mil veces para que no se traspapele y salir muy temprano hacia el sitio del show.
Hacen ya dos años que pienso en venir a ver el show a Las Vegas. Esta vez concreto el deseo por invitación de María y Steve. Dos grandes amigos de Napa que decidieron hacerme tamaño regalo con motivo de mi cumpleaños 51. Lamentablemente por serios problemas familiares no pudieron acompañarme y me encuentro solo en esta extraña ciudad por este firme propósito.
Mi hotel estaba alejado del hotel Mirage donde se representa Love. El show empezará puntualmente a las 7 de la tarde y yo arranco a las 2 con la idea de almorzar cerca del teatro y luego ir a tomar un par de tragos en una de las barras del hotel. Caminar los 4 kilómetros del “Strip” (Las Vegas Boulevard) y almorzar me llevaron tres horas. A las 5 de la tarde ya estaba sentado en una barra tomando una cervecita mientras los Dodgers le ganan a los Giants el segundo partido de “play off”.
Mi ansiedad es tan evidente que el barman me pregunta si siempre sufro por los Dodgers. Le respondo que sí.
Cuando a las 6 dejé la barra en medio del quinto “in” el tipo me consoló diciendo: “Y ¡ya no se aguanta!”.
Los recepcionistas del teatro están caracterizados de “bobbies”, aunque a diferencia de aquellos, estos derrochan simpatía. A las 6:30 se abren las puertas y el público empieza a ingresar. La sala es octogonal, el escenario cuadrado con 4 pantallas enormes y transparentes que cuelgan del techo donde se proyectan imágenes de nubes mientras las máquinas de humo emiten una espesa niebla.
A las 7 en punto un personaje obeso, de frac y bombin pide apagar los teléfonos y no tomar fotos ni filmar. Inmediatamente se abre el show con “Because” y empieza una obra de hora y media con mucha psicodelia, la banda sonora ya conocida con un sonido fuerte e impecable, momentos de ballet, otros de circo, otros de comedia musical y verdaderas representaciones de alucinaciones muy bien logradas como el “Lucy in the Sky with Diammonds” donde el Cirque logra colocar a una Lucy volando en su trapecio en un cielo diamantino. Atravesamos momentos de la Segunda Guerra, el nacimiento del rock, los primeros éxitos de los Beatles, el alucinante mar de Octopu’s Garden, las protestas juveniles, las referencias a los autos con “escarabajos VW” sobre el escenario, los años de misticismo y las influencias del Gurú, la muerte de la madre de Lennon en un accidente callejero, el consuelo del “Hey Jude” y el cierre con la psicodelia del Sargent Pepper y el Todo lo que Necesitas es Amor.
Un cuadro tras otro, una genialidad tras otra.
El final me sorprende. Todo había sucedido intensa y ¿Rapidamente?
Con el teatro vacío miré el reloj y había pasado una hora y media. Con la sensación de que me hubiera quedado otra hora y media más me quedé hasta que las aspiradoras empezaron a limpiarlo todo.
Cargado de impresiones psicodélicas atravesé la muchedumbre que se abalanzaba sobre los souvenirs y luego, como una cachetada de lo absurdo, me topé con miles de personas con miradas vacías jugando al “Black Jack” o con sus tragamonedas.
Corrí hacia la calle donde me saludó el viento fresco y natural del desierto. Empecé a caminar hacia el sur del strip pensando todo el tiempo en los paraísos artificiales y finalmente concluyo en que el arte se sobrepone a todo, aun a Las Vegas.
All you need is LOVE.

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