lunes, julio 07, 2008

VIERNES 13

















VIERNES 13

Era viernes 13 de Junio sin ninguna duda porque recuerdo que abrí el correo pensando: “A ver que mala noticia traes en un día como hoy”.
Estaba allí en el primer mensaje firmado por Nito desde Frías. Rudy, “el bailarín de los montes”, había tenido un ataque producto de una sobredosis de cocaína y me esperaban en el pueblo……
Es 13 y regreso el 23; la globalización permite que las malas noticias te alcancen estés donde estés. Estoy en Valencia.
Salimos a caminar junto a Gachi en cualquier dirección. Terminamos en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, hermosísima e impactante, pero no podía dejar de pensar en Rudy seguramente tirado en su cama en Villa Paulina mirando techo y almanaque al mismo tiempo.
Trataba de recorrer mis últimos días que habían sido maravillosos visitando Mallorca e Ibiza, los paisajes, los recorridos, las calas, las playas, las montañas, los pueblitos, los amigos y las salidas. Todo era maravilloso, pero su mirada me seguía seria, necesitada, ansiosa, expectante.
“Paradojas del destino” pensé para mi……..paradojas del destino que ya se me habían presentado en Mallorca cuando Tancho y Hernán me contaron una historia graciosa que no me ocupé de chequear como cierta, pero me gustó y la di por buena. Dicen que en Baleares existía la ley del mayorazgo al igual que en otros lugares de España. Esto significaba que al morir un padre dejaba al hijo mayor las propiedades más prósperas en las zonas cultivables de la isla o en zonas donde pudieran instalarse cotos de caza. A los hijos menores o a los menos dotados les dejaban en herencia los terrenos sobre el mar que no servían absolutamente para nada. Pasaron varios siglos y la ley se cumplió a rajatabla hasta que la burguesía inventó el turismo en las playas y allí llegó la venganza de los hijos tontos y desposeídos……..Paradojas del destino!
Me reía solo recordando esta charla, pero en seguida volvía aquella imagen a mi mente.
El 24 de Junio estoy sentado en la habitación de Villa Paulina hablando y escuchando una historia tristísima. Un hombre deprimido por múltiples fracasos en su vida decide tomar cocaína para “levantarse”, se va sintiendo mejor y así sigue dos años. No piensa en que es pobre, que está sin trabajo y que tiene dos hijos y una esposa que mantener. Tampoco piensa que Frías es un pueblo pobre y perdido en Santiago del Estero que es una provincia perdida en un país muchas veces pobre y perdido. Siente que tiene acceso a un truco universal que le permite tomar los mismos atajos que a Maradona o a otras estrellas rutilantes del marketing de la “blanca”. Jamás sospecha en la fibra de vidrio que se va metiendo hasta sentir que no le hace nada. No siente nada más y pide “algo más fuerte”. Esta vez le presentan a un vendedor “porteño”, este le trae “de la buena”.
Un miércoles prueba y por primera vez siente opresión en el pecho, falta de aire y la mitad derecha de su cuerpo no le responde. Va al hospital del pueblo. Nadie sabe que pasa, le diagnostican “pánico”, lo sedan y vuelta a casa.
Durante tres días piensa que una vez mas “no está a la altura”. No puede ser que cuando le dan por fin de la buena, el tampoco está preparado.
Decide intentarlo de nuevo aunque ponga en riesgo su vida. Piensa que vale la pena perder la vida en este intento.
Vuelve a meterse la pasta base que el “Porteño” le vendiera por buena. Otra vez la opresión mas fuerte y la falta de aire. Ahora si siente la muerte, pero no ve a ningún amigo de los del otro lado. Nadie se acerca y la sensación no es nada placentera. Ahora no quiere morir, sale a la noche helada y camina rumbo al hospital. A los cuatrocientos metros cae y se deja morir. Un ciclista noctámbulo lo rescata y lo lleva al hospital.
Sobrevive.
Ahora me pregunta porqué renguea con la pierna derecha y porqué no tiene fuerza en ese brazo. Por el miedo al corazón, nadie le habló que su cerebro se infartó.
Ahora estamos allí en la pieza de Villa Paulina sentados el uno frente al otro. Yo, ridículamente bronceado, el con la mitad de su cuerpo debilitado y su boca ligeramente torcida. Hablamos de la escuela primaria en la Nacional 28, de la escuela Normal, de los amigos, del éxito, de los fracasos, de los vivos, de los muertos que no vinieron a recibirlo esas noches en el hospital, de viajes, de músicos y músicas, de gente que amamos, de los padres y de los amigos. Hablamos y hablamos hasta que se escapan los bueyes. Finalmente la realidad me retrotrae al momento presente y me digo: “Todo por abrir el correo un viernes 13”.