


Carpe Diem
El cinco de Septiembre de 1993 me encontraba en Santiago de Chile en casa de mi amigo Glenn y mientras esperaba para ir al aeropuerto y emprender el regreso a Buenos Aires dispusimos todo para ver el partido Argentina – Colombia por las eliminatorias al Mundial USA 94 de Fútbol. No creo que nadie lo recuerde, pero aquel partido en el Monumental terminó con una histórica goleada de 5 a 0 a favor del equipo del Pibe Valderrama, el Tren Valencia y el Tino Asprilla.
Recuerdo que en el preciso instante que terminaba el partido llegó el taxi que me llevaría al aeropuerto; de la calentura que tenía y como un perfecto mal educado, me fui de casa de Glenn sin despedirme.
En la cola del check in del aeropuerto sentía que todos me miraban y sonreían, pero era imposible que supieran que era argentino (¿Será posible ocultar el ser argentino de algún modo?). En el preciso instante que embarcaba, nacía una banda de punk rock en Ñuñoa cuyo nombre sería “Los Cristos con el Ano Sangrante”. El líder sería “el Etxe” (apócope de Etxeverría) quien inspirado al ver los pelilargos de la albiceleste con el culo literalmente roto, no tuvo mas remedio que bautizar con este nombre a la banda.
Sin que nadie lo imaginara, en Enero del 2007 estamos nuevamente de visita junto a Gachi en casa de Glenn quien me cuenta que está preocupado por la salud de su gran amigo “el Etxe” (Cristian Etxeverría), que quiere que lo conozcamos, que el sábado comeríamos un asado en su casa y que mientras tanto fuéramos leyendo el libro de reciente edición conjunta “¿Por qué no canté del dolor?” donde se extractan pensamientos fragmentarios de Cristian luego de su última internación en terapia intensiva, mails de su hermano y agregados del propio Glenn.
El libro es breve y lo puede leer en un día. Pude saber que el Etxe nació en Ñuñoa y que se fue a estudiar medicina a Uruguay. Allí vivió en varios y diversos barrios de la zona oeste y que se hizo hincha de Nacional en plena fiebre peñarolista.
Hasta ese entonces nuestro personaje había desarrollado un amor terrible a la música, la literatura, la poesía, el fútbol, la antropología y el rugby. Se trajo de Montevideo el diploma de “asador a la uruguaya” que todo el mundo le respeta y revalida periódicamente. También queda claro en su biografía deportiva que en la práctica del fútbol echaba mano a recursos del rugby, lo que lo constituía en un marcador central rudo y de contacto, algo que los argentinos sintetizamos en la palabra “burro” (sin que ofenda).
Bukowsky es su ídolo.
Alrededor de los cuarenta años de edad al Etxe le descubrieron un tumor en el hígado y desde entonces viene peleando con un contrincante difícil, mañero y de cuidado. El no es hueso blando, y con sus fuerzas y la ayuda de su familia y muy buenos amigos sigue round tras round, uno a uno, sin hacer caso a los de afuera. Ha ido a la lona más de una vez, pero escucha la cuenta de protección, levanta los guantes y va.
Todo gran boxeador que se precie tiene un séquito que lo acompaña a donde sea. El Etxe tiene el suyo y la carta de presentación en sociedad fue en un día cualquiera que el amigo necesitaba dadores de sangre y el banco se vio desbordado de voluntarios. El jefe de hemoterapia juraba que nunca había visto nada igual, y no era para menos: haciendo fila, sentados en el piso, mirando en todas direcciones, callados y prestos se contabilizaban no menos de cien dadores que fueron pasando de a uno y de a uno fueron siendo descartados. Los diez primeros estaban borrachos y venían de una misma juerga de vigilia, los siguientes habían tenido más de seis íntercursos sexuales con distintas parejas en el último tiempo, estaban los que usaban drogas, los hepatíticos y distintos etcéteras que llevaron a esa montaña de potencial sangre a diluirse en escasas gotas. El Etxe una vez más se recuperó y esa montaña de gente logró transfundirle otro fluido aun mas vital para el.
El día que hacían la presentación del libro que les mencionara y ante una nutrida concurrencia de amigos, familiares y curiosos, el Etxe sufrió un desmayo y debió ser hospitalizado nuevamente. Ya recuperado los amigos mas cercanos le echaron en cara no haber pasado de largo en aquel momento pues sería un gran aporte para el éxito editorial de la publicación. Pero es así, el Etxe no quiso colaborar.
Llega el sábado 27 de enero y tenemos el asado esperado. Debo confesar que yo estaba preocupado porque tenía grabada la imagen de una foto del Etxe vestido con el equipo de los All Blacks en posición de haka maorí y ya sabía que era un admirador del 5 a 0 de los pibes de Valderrama a los cristos y todo eso se sazonaba con su formación uruguaya. Imaginé mi armadura y me dije: espero que no se pongan rudos conmigo.
Pero fue llegar a la puerta de su casa y allí estaba el cual imagen de la bondad muerta de calor. Santiago era un horno y el Etxe estoico esperaba a sus invitados para ir a hacer las compras. El día era tan malo para nuestras saludes que a el ni le dejamos dar ventaja. Le pedimos su lista de mandados y partimos raudos mientras el se encargaría del fuego (después pensé que le terminamos haciendo un flaco favor con la tarea).
La lista necesitaba traductor, y por suerte Glenn estaba con nosotros:
Lomo vetado
Palanca
Abastero
Chorizos blancos
Prietas,
Pollo, chuletas de cordero y cerdo
Cassata de piña para champañazo
Carbón
Con los deberes hechos volvimos a la casa y allí el Etxe bufaba junto al fuego. Solidario, Glenn le dijo que el se encargaría y acto seguido pregunta si hay que revolver todo el fuego.
Para cualquier asador de medio pelo, esta pregunta elimina cualquier posibilidad de mínimo conocimiento del tema. Glenn, generoso, se había suicidado como asador al abrir la boca.
Le pregunté si no lo molestaba que eche una mano, y allí los dos juntos pusimos a esforzarse a la parrilla mientras su madre y Gachi preparaban la picada y ensaladas.
Llegaron los otros comensales igualmente eclécticos que declaran oficios para no despertar sospechas, así fue que el profesor, el arquitecto, el músico, el médico, el físico, el ama de casa, la licenciada y etcétera eran un ropaje liviano que cubría gentes iguales.
Nos sentamos a las 7 de la tarde y no paramos de comer y beber hasta la una de la mañana. El clima se puso de nuestro lado y mientras desfilaban los distintos tipos de carnes y ensaladas también se destapaban botellas de tintos malbec, cabernet sauvignon, merlot hasta que finalmente el papá del Etxe decidió homenajearnos con un vino familiar que llevaba 10 años esperando una ocasión. Allí estuvo ventilándose unos escasos minutos un “Echeverría” auténtico.
Entre vinos y vinos discurrieron las conversaciones sobre virreinatos, guerra del pacífico, salidas al mar, política argentina, dictaduras bilaterales, derechas e izquierdas, Opus Dei, Templarios de Jesús, países del primer mundo, músicos, poetas, novelistas y escritores varios, anécdotas y más anécdotas en perfecta armonía.
Sabíamos de antemano que el Etxe tenía cuerda para unas tres horas y llevábamos 6 en la mesa junto a la parrilla. Allí propusimos el “champañazo” para cerrar y salimos a la calle fresca y arbolada de la noche en Ñuñoa. Bajamos a Providencia con la botella vacía de Tinto Echeverría, nos tomamos una foto y caímos rendidos.
Por la mañana Glenn me comenta que estaba muy contento por la noche que habíamos podido pasar junto a Cristian y el verlo así, tan predispuesto. Yo pensé para mis adentros (y el Etxe sabe de lo que hablo): estoy contento por mí porque puede compartir horas maravillosas con gente sabia.
CHANGO.
(Mail sintetizador enviado por Glenn a un amigo que desconozco)
“Estimado amigo, te cuento algunas novedades del Etxe. En general el tratamiento antroposófico le ha mejorado la calidad de vida y esto es superclaro.
Llevaba dos meses y medio sin hospitalizarse hasta un par de días atrás en que solo lo hizo para hacerse scanner. Esto es por menos sintomatología y un mayor rango de actividad física. Su animo muy down y oscuro en meses anteriores algo se ha estabilizado aunque toma mucho caldo de cabeza respecto a futuro.
Las noticias de los scanner son pésimas. La enfermedad por debajo avanza como un iceberg, los nódulos ya no caben en el hígado, este se fue arriba y comprime la mitad del pulmón derecho. Los nódulos pulmonares han aumentado rápido. El sabe lo del hígado y que la cosa ha aumentado en general. Eso es lo malo o lo catastrófico.
Lo bello es su actitud de vida. Lo hemos podido sacar, mover a almuerzos preparados con mucho cariño junto a mi amorcito, a escuchar jazz con Al Di Meola una noche mágica en el parque de las esculturas donde comíamos maní confitado y el seguía el ritmo sincopado y se emocionaba con el percusionista.
También ayer hubo algo casi milagroso. Estando acá unos amigos del alma argentinos se armó por iniciativa de el un asadote pantagruélico donde vino el profe Dides, el Gato y Mauricio Dell. Partió con una lista que el hizo de puño y letra incluyendo lomo vetado, palanca, abastero, chorizos blancos, prietas, pollo, chuletas de cordero y cerdo además de cervezas sin alcohol para el y alemanas para nosotros. Más un par de vinos de excepción Incluso con cassata de piña para champañazo final (muy de el no?). Fue una Maravilla del mundo y sabes, hay momentos que valen una vida. Nunca olvidaré ese patio a las 11 de la noche con el Etxe sentado junto a su padre QUE POR PRIMERA VEZ LO VEO INTEGRARSE y reír y participar JUNTO A SU HIJO ESTO FUE MEMORABLE Y LA ERIKA CON LOS Ojos humedecidos de esa alegría gozosa emocionada que producen estos encuentros inolvidables. Es por estos momentos que vale la pena vivir y morir.
Al fin y al cabo el Etxe dijo finalmente Carpe Diem y se entregó a la Magia de los instantes a poner quizás los últimos restos físicos para si se va antes que nosotros (quien sabe nada de nada en lo impredecible de la vida) lo hará con las botas puestas y abrazado a un destello de luz que si lo incinera lo hará también inmortal.
De recuerdo y anécdota me traje una botella vacía y quebrada de un vino llamado Echeverría una viña de algún familiar y que don Manuel sacó de la bodega después de 10 años. Valor y estaba bueno!!
Un abrazo grande amigo.”
El cinco de Septiembre de 1993 me encontraba en Santiago de Chile en casa de mi amigo Glenn y mientras esperaba para ir al aeropuerto y emprender el regreso a Buenos Aires dispusimos todo para ver el partido Argentina – Colombia por las eliminatorias al Mundial USA 94 de Fútbol. No creo que nadie lo recuerde, pero aquel partido en el Monumental terminó con una histórica goleada de 5 a 0 a favor del equipo del Pibe Valderrama, el Tren Valencia y el Tino Asprilla.
Recuerdo que en el preciso instante que terminaba el partido llegó el taxi que me llevaría al aeropuerto; de la calentura que tenía y como un perfecto mal educado, me fui de casa de Glenn sin despedirme.
En la cola del check in del aeropuerto sentía que todos me miraban y sonreían, pero era imposible que supieran que era argentino (¿Será posible ocultar el ser argentino de algún modo?). En el preciso instante que embarcaba, nacía una banda de punk rock en Ñuñoa cuyo nombre sería “Los Cristos con el Ano Sangrante”. El líder sería “el Etxe” (apócope de Etxeverría) quien inspirado al ver los pelilargos de la albiceleste con el culo literalmente roto, no tuvo mas remedio que bautizar con este nombre a la banda.
Sin que nadie lo imaginara, en Enero del 2007 estamos nuevamente de visita junto a Gachi en casa de Glenn quien me cuenta que está preocupado por la salud de su gran amigo “el Etxe” (Cristian Etxeverría), que quiere que lo conozcamos, que el sábado comeríamos un asado en su casa y que mientras tanto fuéramos leyendo el libro de reciente edición conjunta “¿Por qué no canté del dolor?” donde se extractan pensamientos fragmentarios de Cristian luego de su última internación en terapia intensiva, mails de su hermano y agregados del propio Glenn.
El libro es breve y lo puede leer en un día. Pude saber que el Etxe nació en Ñuñoa y que se fue a estudiar medicina a Uruguay. Allí vivió en varios y diversos barrios de la zona oeste y que se hizo hincha de Nacional en plena fiebre peñarolista.
Hasta ese entonces nuestro personaje había desarrollado un amor terrible a la música, la literatura, la poesía, el fútbol, la antropología y el rugby. Se trajo de Montevideo el diploma de “asador a la uruguaya” que todo el mundo le respeta y revalida periódicamente. También queda claro en su biografía deportiva que en la práctica del fútbol echaba mano a recursos del rugby, lo que lo constituía en un marcador central rudo y de contacto, algo que los argentinos sintetizamos en la palabra “burro” (sin que ofenda).
Bukowsky es su ídolo.
Alrededor de los cuarenta años de edad al Etxe le descubrieron un tumor en el hígado y desde entonces viene peleando con un contrincante difícil, mañero y de cuidado. El no es hueso blando, y con sus fuerzas y la ayuda de su familia y muy buenos amigos sigue round tras round, uno a uno, sin hacer caso a los de afuera. Ha ido a la lona más de una vez, pero escucha la cuenta de protección, levanta los guantes y va.
Todo gran boxeador que se precie tiene un séquito que lo acompaña a donde sea. El Etxe tiene el suyo y la carta de presentación en sociedad fue en un día cualquiera que el amigo necesitaba dadores de sangre y el banco se vio desbordado de voluntarios. El jefe de hemoterapia juraba que nunca había visto nada igual, y no era para menos: haciendo fila, sentados en el piso, mirando en todas direcciones, callados y prestos se contabilizaban no menos de cien dadores que fueron pasando de a uno y de a uno fueron siendo descartados. Los diez primeros estaban borrachos y venían de una misma juerga de vigilia, los siguientes habían tenido más de seis íntercursos sexuales con distintas parejas en el último tiempo, estaban los que usaban drogas, los hepatíticos y distintos etcéteras que llevaron a esa montaña de potencial sangre a diluirse en escasas gotas. El Etxe una vez más se recuperó y esa montaña de gente logró transfundirle otro fluido aun mas vital para el.
El día que hacían la presentación del libro que les mencionara y ante una nutrida concurrencia de amigos, familiares y curiosos, el Etxe sufrió un desmayo y debió ser hospitalizado nuevamente. Ya recuperado los amigos mas cercanos le echaron en cara no haber pasado de largo en aquel momento pues sería un gran aporte para el éxito editorial de la publicación. Pero es así, el Etxe no quiso colaborar.
Llega el sábado 27 de enero y tenemos el asado esperado. Debo confesar que yo estaba preocupado porque tenía grabada la imagen de una foto del Etxe vestido con el equipo de los All Blacks en posición de haka maorí y ya sabía que era un admirador del 5 a 0 de los pibes de Valderrama a los cristos y todo eso se sazonaba con su formación uruguaya. Imaginé mi armadura y me dije: espero que no se pongan rudos conmigo.
Pero fue llegar a la puerta de su casa y allí estaba el cual imagen de la bondad muerta de calor. Santiago era un horno y el Etxe estoico esperaba a sus invitados para ir a hacer las compras. El día era tan malo para nuestras saludes que a el ni le dejamos dar ventaja. Le pedimos su lista de mandados y partimos raudos mientras el se encargaría del fuego (después pensé que le terminamos haciendo un flaco favor con la tarea).
La lista necesitaba traductor, y por suerte Glenn estaba con nosotros:
Lomo vetado
Palanca
Abastero
Chorizos blancos
Prietas,
Pollo, chuletas de cordero y cerdo
Cassata de piña para champañazo
Carbón
Con los deberes hechos volvimos a la casa y allí el Etxe bufaba junto al fuego. Solidario, Glenn le dijo que el se encargaría y acto seguido pregunta si hay que revolver todo el fuego.
Para cualquier asador de medio pelo, esta pregunta elimina cualquier posibilidad de mínimo conocimiento del tema. Glenn, generoso, se había suicidado como asador al abrir la boca.
Le pregunté si no lo molestaba que eche una mano, y allí los dos juntos pusimos a esforzarse a la parrilla mientras su madre y Gachi preparaban la picada y ensaladas.
Llegaron los otros comensales igualmente eclécticos que declaran oficios para no despertar sospechas, así fue que el profesor, el arquitecto, el músico, el médico, el físico, el ama de casa, la licenciada y etcétera eran un ropaje liviano que cubría gentes iguales.
Nos sentamos a las 7 de la tarde y no paramos de comer y beber hasta la una de la mañana. El clima se puso de nuestro lado y mientras desfilaban los distintos tipos de carnes y ensaladas también se destapaban botellas de tintos malbec, cabernet sauvignon, merlot hasta que finalmente el papá del Etxe decidió homenajearnos con un vino familiar que llevaba 10 años esperando una ocasión. Allí estuvo ventilándose unos escasos minutos un “Echeverría” auténtico.
Entre vinos y vinos discurrieron las conversaciones sobre virreinatos, guerra del pacífico, salidas al mar, política argentina, dictaduras bilaterales, derechas e izquierdas, Opus Dei, Templarios de Jesús, países del primer mundo, músicos, poetas, novelistas y escritores varios, anécdotas y más anécdotas en perfecta armonía.
Sabíamos de antemano que el Etxe tenía cuerda para unas tres horas y llevábamos 6 en la mesa junto a la parrilla. Allí propusimos el “champañazo” para cerrar y salimos a la calle fresca y arbolada de la noche en Ñuñoa. Bajamos a Providencia con la botella vacía de Tinto Echeverría, nos tomamos una foto y caímos rendidos.
Por la mañana Glenn me comenta que estaba muy contento por la noche que habíamos podido pasar junto a Cristian y el verlo así, tan predispuesto. Yo pensé para mis adentros (y el Etxe sabe de lo que hablo): estoy contento por mí porque puede compartir horas maravillosas con gente sabia.
CHANGO.
(Mail sintetizador enviado por Glenn a un amigo que desconozco)
“Estimado amigo, te cuento algunas novedades del Etxe. En general el tratamiento antroposófico le ha mejorado la calidad de vida y esto es superclaro.
Llevaba dos meses y medio sin hospitalizarse hasta un par de días atrás en que solo lo hizo para hacerse scanner. Esto es por menos sintomatología y un mayor rango de actividad física. Su animo muy down y oscuro en meses anteriores algo se ha estabilizado aunque toma mucho caldo de cabeza respecto a futuro.
Las noticias de los scanner son pésimas. La enfermedad por debajo avanza como un iceberg, los nódulos ya no caben en el hígado, este se fue arriba y comprime la mitad del pulmón derecho. Los nódulos pulmonares han aumentado rápido. El sabe lo del hígado y que la cosa ha aumentado en general. Eso es lo malo o lo catastrófico.
Lo bello es su actitud de vida. Lo hemos podido sacar, mover a almuerzos preparados con mucho cariño junto a mi amorcito, a escuchar jazz con Al Di Meola una noche mágica en el parque de las esculturas donde comíamos maní confitado y el seguía el ritmo sincopado y se emocionaba con el percusionista.
También ayer hubo algo casi milagroso. Estando acá unos amigos del alma argentinos se armó por iniciativa de el un asadote pantagruélico donde vino el profe Dides, el Gato y Mauricio Dell. Partió con una lista que el hizo de puño y letra incluyendo lomo vetado, palanca, abastero, chorizos blancos, prietas, pollo, chuletas de cordero y cerdo además de cervezas sin alcohol para el y alemanas para nosotros. Más un par de vinos de excepción Incluso con cassata de piña para champañazo final (muy de el no?). Fue una Maravilla del mundo y sabes, hay momentos que valen una vida. Nunca olvidaré ese patio a las 11 de la noche con el Etxe sentado junto a su padre QUE POR PRIMERA VEZ LO VEO INTEGRARSE y reír y participar JUNTO A SU HIJO ESTO FUE MEMORABLE Y LA ERIKA CON LOS Ojos humedecidos de esa alegría gozosa emocionada que producen estos encuentros inolvidables. Es por estos momentos que vale la pena vivir y morir.
Al fin y al cabo el Etxe dijo finalmente Carpe Diem y se entregó a la Magia de los instantes a poner quizás los últimos restos físicos para si se va antes que nosotros (quien sabe nada de nada en lo impredecible de la vida) lo hará con las botas puestas y abrazado a un destello de luz que si lo incinera lo hará también inmortal.
De recuerdo y anécdota me traje una botella vacía y quebrada de un vino llamado Echeverría una viña de algún familiar y que don Manuel sacó de la bodega después de 10 años. Valor y estaba bueno!!
Un abrazo grande amigo.”

